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¿Cómo ponerle título a una vida?

Bienvenido a la surrealidad.

24 mayo, 2017

Dejadme en paz.

Las fotos pegadas en la pared. La sombra proyectada por el montón de papeles de mi mesa. La brisa estremecedora que entra por mi ventana. El hueco sonido de los pájaros que están en los tejados. Las marchitas flores en la botella de plástico, a modo de cutre jarrón.
Os lo advierto: dejadme en paz.

El crujir de mi espalda al erguirme en la silla, el libro de poesía que pedí prestado y olvidé devolver, un bote lleno de lápices sin punta que no son míos.
Una caja de metal en lo alto de la estanteria con objetos de poco valor e interés. Un reloj de pared descolgado, a deshora, que no estoy muy segura de que funcione.
Un lejano sonido de claxon seguido de un frenazo, seguidos de una ambulancia.
Las vecinas hablando en voz alta sin parar, mi cabeza tan lejos de aquí como lo pudiera estar.
En serio os lo digo, quiero que me dejéis en paz.

Esta presión tan conocida que domina mi pecho, la impotencia consecuente de no poder parar el tiempo, el sonido, el viento; de no poder pararlo todo. De no poder parar nada.
La penetrante y molesta luz blanca del flexo en mis ojos, el vago recuerdo de cómo era tener ilusión por cosas pequeñas.
De-jad-me-en-paz.

Tú, esperanza forzada.
Veneno servido frío y expectante.
Silencio sobrio y demacrado.
Viento vacío y sobrecogedor.
Mayo impaciente y asesino.
Déjadme en paz de una vez.

Y vosotros​, seres de aparente metal,
con todo tipo de mecanismos y botones,
las grandes mentes del siglo XXI;
me gustaría veros cuando venga la tormenta y no podáis con tal sobrecarga. Cuando se os paralice todo.
Cuando os deis cuenta de que no sois libres y no podáis llorar.
Sobre todo vosotros: dejadme en paz.

Y yo es que me pongo a pensar: Si lo que creemos que nos da la vida nos está quitando las ganas de vivirla, si lo que creemos amar nos está haciendo incapaces de sentir nada en absoluto, si caemos en la más profunda de las miserias cuando nos dan la espalda porque no sabemos estar solos; ¿qué estamos haciendo?
No quiero ser así, no quiero tener eso.

Ojalá pudierais dejarme en paz.
Yo no soy tan fuerte.
Yo no puedo resistirlo.
Habrá gente que sí, que sea capaz de levantarse, que sea capaz de inundarse y aprender del sufrimiento, que pueda sonreír al imbécil que ve todos los días y al cual no soporta.
Esa gente debería dejarme en paz.

Día sí y día también.
Salir y no poder respirar.
Acostumbrarse al dolor.
Morir de múltiples maneras.
Hacer parecer que todo va perfectamente.
Automatizar las sonrisas. Los besos. Los abrazos.
No pienso hacerlo.
Antes muerta que mirar desde un cristal. Antes muerta que ser de metal.
Antes muerta de verdad que muerta como vosotros.

08 octubre, 2016

Tú, mi lugar favorito.

Recuerda: Mi lugar favorito.
Y sigue.

Pero, ¿sabéis? No sería mi lugar favorito si no tuviera defectos que me hicieran -a veces- no querer regresar, para luego echarlo de menos y, al volver, sentirme como en casa.
Y, ¿sabes? Tú podrías ser mi lugar favorito, si pudieras dejarme pensar a gritos.
Podrías ser la puesta de sol, la tierra y las brillantes cristaleras.
Podrías ser hogar y lugar de refugio permanente -ese que aparece de repente, pero no por casualidad-, podrías ser tú.
Así que estás sobre aviso: eres candidato a ser mi lugar favorito.
Por diferentes razones, por múltiples motivos y por millones de momentos. Por no hablar ya de los abrazos y el sentirlos mi hogar.
No es sólo cómo eres tú, no es sólo cómo soy yo. Es cómo se ve todo, cómo eres cuando estamos y cómo estoy cuando somos. 
Es el nivel de compromiso con lo que realmente quieres que salga bien. 
Es el estar dispuesto a vivir una vida diferente -y difícil- para conseguir convertirla en una vida extraordinaria.
Es que nos tiemblen las piernas y no sea por el frío, o que nos lloren los ojos y no sea de tristeza.
Es el vernos desde hace sólo un rato y conocernos de toda la vida.
Es el famoso "come what may": pase lo que pase. Y que pase todo.
Es tener la certeza de que se avecina tormenta y la convicción de que mientras dure no habrá lugar más seguro que tú. Mi lugar favorito.

Así que parece que ya no soy mi lugar favorito, he delegado en ti, me has superado. Porque ya no quiero pensar en voz alta y que nadie escuche mis ideas. Quiero ir contigo y hablarte bajito, que conozcas mi vida y quieras acogerme para siempre.
Quiero que seas playa y montaña, viernes noche de fiesta y sábado tranquilo de peli y manta. Quiero que seas tardes de lluvia sin nada que hacer y mañanas soleadas de paseos interminables. Quiero que tengamos los pies pegados en la tierra y la cabeza en todo momento mirando el cielo. Quiero contigo perdonar rápido y agradecer lento.
No te asustes. No lo quiero ahora, no lo quiero rápido, no lo quiero siempre. Quiero que se construya poco a poco, quiero mirar desde el balcón contigo cómo va creciendo todo, cómo muchas cosas van según lo esperado, cómo otras nos vienen de sorpresa y nos desmantelan la vida. 
Porque, al fin y al cabo, sólo quiero que seas mi lugar favorito. 
Estar segura de que "pase lo que pase".
Quiero contigo dejar de huir y sentirme en mi hogar cada vez que vuelva a ti.

17 mayo, 2016

II. Amar

Cómo decirte que el pájaro silvestre y rebelde ha escapado de su jaula. Que recuerdo perfectamente cómo era la tangente a la curva que hacía tu sonrisa al ver el desastre que habías formado. Cómo decirte que me había acostumbrado al frío hiriente de tus veranos, aún más doloroso en primavera. Y ahora no quiero escapar. Quiero amar.

Cómo decirte que tu estabas antes que la lluvia,
que en esta vida se gana cuando se pierde uno,
que al conocerte me perdí
y le gané todas las batallas a la vida.

Llevar toda la vida huyendo para terminar encóntrandome,
darme cuenta de que todo tenía una razon de ser,
que antes incluso estabas tú esperándome
y que fui, soy y seré solo cuando tú estés.

Nada más quiero decirte,
estabas antes de mis lluvias,
estabas antes de querer encontrarte,
antes incluso tú estabas y sabías por dónde empezaría esta carta.

Por todo, y antes de que preguntes:
esto va de amor propio.
Tras escapar, se necesita algo para parar de huir. Va de que el motivo eres tú, amor.
Va de que estás ahí cuando todo lo demás llega a complementarme,
esto va de la lluvia que viene a empaparlo todo, pero... oye, que tú estabas antes.

Si vuelvo a olvidarme de ti,
avísame, que nos sentemos a hablar.
Si vuelvo a no saber sonreírme cuando no tengo motivos para sentir,
avísame, que nos paremos a mirar la lluvia.

Si vuelvo, te avisaré de que he vuelto a amar; de que he dejado de correr y que me iré otra vez, pero volveré siempre a por ti. Porque de ti no sé huir. Porque contigo sé cómo amar.