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Bienvenido a la surrealidad.

18 junio, 2015

I. Escapar

¿Sabes aquello de cuándo se enjaula a un pájaro silvestre?
¿Sabes aquello del silencio mortal?
¿De la cautivadora tristeza?

He vuelto a notar la presión en el pecho.
He vuelto a ahogarme en el llanto y a desgarrar mi garganta.
He vuelto a sentir la ira.

He vuelto a la angustia de no querer ser más.
He vuelto a escribir a oscuras.
He realizado la mayor atrocidad jamás cometida.
He sentido cómo nada me importaba.

Me ha cautivado la sangre al resbalar de mis manos.
Me ha sobrecogido el placer del dolor.
Me han estorbado tantas sombras cobardes
y tando ruido en mi interior.

Me he sentido con el derecho y el valor de darlo todo por perdido.
Me he ocultado tras mi máscara una vez más.
He encontrado el frío en las manos equivocadas,
el fuego en los ojos más inesperados.

¿Sabes aquello de cuándo nada es lo que necesitas y todo resulta ser lo que ansías?
¿Sabes aquello de no pertenecer a ningún lugar?
¿De no ser quien todos ven, y no querer cambiar?

Así pues, he vuelto a mirar desde el cristal.
He vuelto a pensar, y, «que nada me dañe si no resulta ser real».

He retrocedido y me he sentado al borde del abismo,
me he permitido volver a mis tormentas internas, a observar el caos como la más absoluta belleza.
He confesado a gritos
que la inconformidad de su mirada va a acabar conmigo.

He querido ser una sombra más y al instante me he asqueado.
He podido verme tras el conseguido disfraz,
me he comprendido y me he consolado.
He vuelto a mentirme y me he gritado
«no serás capaz».

Poco me han importado la intromisión y los destrozos,
la decepción de los días nublados.
Poco, pues divisaba el comienzo del túnel
poco, pues aún todo estaba por llegar.

¿Sabes?
Aquella vez el paragüas me dio cobijo,
pude ver saltar las gotas hasta el cielo
y cómo las tristes sombras contemplaban el mundo del revés.

Pero, ¿sabes?
Al momento lo guardé y me uní a ellas,
y en ese instante era fuego y era lluvia,
y no me arrepiento
-de haberlo sido todo y no haber sido nada-.

Y, ¿sabes?
Jamás volví a sentirme tan perteneciente y viva
como cuando volvieron los días azules
y destruyó mis muros su afán suicida.

Así que, ¿sabes aquello de cuándo se enjaula a un pájaro silvestre? No tarda mucho en morir. A no ser que escape.
Y, ¿sabes cuándo se ansía libertad y la realidad intenta aplastar ese objetivo junto con tus ganas de vivir? No tardas mucho en morir. A no ser que escapes.
Escapa.

08 junio, 2015

Qué patética e inexplicablemente absurda resultaba aquella situación, la euforia y el éxtasis.
Qué admirablemente oportuno.

Y qué
sinceramente amable y humilde
su presencia

y su ira
su sobria ira