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Bienvenido a la surrealidad.

12 diciembre, 2015

Querida yo:

Lo cierto es que estaré exhausta pero no consumida, que no hay mayor dulzura que la del fuego en las venas y no hay mayor locura que la que te hace ser hasta no poder más.
Lo cierto es que no voy a poder correr hacia un destino que no me convenza y no voy a volar si las nubes no me dan su permiso.
La realidad es que habrá noches que me sienta a escribir y no pueda más que llorar. La realidad es que cuando me pregunten el por qué de mis abrazos vacíos o mis gélidas manos no podré decir nada más que... que estoy cansada. Y será la verdad.

Y lo cierto es que no sé qué podría escribir para sentirme mejor. Supongo que a veces no se trata de lo que se dice. Creo que a veces lo que realmente importa es aquello que no se puede expresar de ninguna de las maneras. Eso que te quema por dentro, duele a rabiar y, por cierto, te mantiene vivo.
Sin embargo, no puedes evitar sentirte totalmente impotente al no poder expresar cómo te sientes al despertar y ver que todo sigue ahí... y que no importa tanto -no importa nada-.

Y es que a lo mejor no soy más que esto, no soy más que las cenizas, o puede que sea de todo menos esto mismo, que sea la llama en su más puro esplendor y la sonrisa embaucadora.
Puede que no sea ninguna de las fotos de los atardeceres, amaneceres, cielos vespertinos, cielos al medio día o nubes en general; ninguno de los cafés que no terminan de gustarme con alguna persona extraña que me haga no pensar en ello; ni una de entre todas las cartas que le escribo a un alguien que está por venir o que se ha ido ya; ninguno de los viejos vinilos o los cientos de libros en la estantería.
Que no soy más que el ruido del lápiz apuñalando la hoja de papel, o sólo soy la proporción sal-lágrima que derramo cada día.
Soy también todas las cosas que quiero hacer y que son mías en mi mente, esas que me dan mucho miedo y haría falta mucha más seguridad de la que tengo para poder llevarlas a cabo.

Lo cierto es que estoy muy, muy cansada... Tal vez haya que pararse, una vez más, a pensar.

Los latidos palpitantes en mi oreja, mi parpadeo suave y tranquilo. Es una noche que merece la pena disfrutar. Pararse a pensar en que a veces, es mejor no pensar en nada.
Pensar que a veces sonreír por mero placer puede ser lo que necesitas. Que tal vez no haya motivos, que tal vez tú mismo seas el motivo.

Apaga la luz, intenta distinguir los distintos objetos en la oscuridad. Que tus pupilas sean parte de ella, que no pueda esconderse de ti nunca más. Controla tu respiración, cierra los ojos y sumérgete en ese mundo enteramente tuyo. Allí sé lo que quieras ser por un día o no seas nada durante una eternidad.
 todo. La nada y la parte que te falta.
Ten tiempo. Para sentirlo, para verlo fluir, para saborearlo, para empatizar con él.

Tal vez no te sirva para sentirte mejor, especial, como quisieras sentirte.
Tal vez solo te sirva para darte cuenta de que tú no eres una línea del mejor párrafo de una vida perfecta; que no eres el verso más bonito y significativo del mundo.
Tal vez puedas darte cuenta de que aunque no lo seas, puedes serlo; y aunque sea improbable, esto, por definición, puede lograrse. Y lo quieres lograr.
Que quieres ser, ya no la línea del párrafo, quieres ser el best seller el cual nadie olvida y no se cansa de leer. 
O tal vez no quieras nada de eso... Sólo respira.

Y terminas de pensar, y sonríes. Y es que te das cuenta de que nunca vas a estar conforme. Y está bien.
Que la vida no te parece suficiente, que los besos, los abrazos, las risas, las fotos, los libros, las obras de teatro y la música que suena en los ascensores; los paseos de madrugada, las mañanas de no saber qué hacer con tu vida y la sensación de querer hacerlo todo, el presentimiento de que todo está por venir y que nada mejor podría llegar... Todo eso te parecerá insignificante y será lo que más te guste en el mundo.

Y es que lo cierto es que no hay nadie más que pueda hacer de mí mejor que yo. Va a ser la actuación de mi vida, el papel aclamado, el público soñado, las luces en su sitio, la tinta por gastar, la risa por estallar, el momento ahí, esperando. Esperándote.